Fracaso profesional - Factores a evitar

Un artículo publicado en laboris hace referencia a los aspectos más importantes que las empresas toman en cuenta a la hora de finalizar el vinculo laboral con un profesional (algo poco frecuente en esta época del mercado, por lo cual realmente hay que “esforzarse” para que a uno le ocurra). Aquí los factores que se tienen en cuenta.

Lo normal es despedir sólo a aquellas personas que no han sido capaces de desarrollar con éxito su trabajo. ¿Qué las ha hecho fracasar?

Las razones son múltiples, un sólo motivo no es suficiente, siempre es la suma de varios errores o de un comportamiento que dificulta el trabajo del equipo.


Entre las causas profesionales más comunes cabe mencionar:

  • La falta de conocimientos esenciales para desarrollar el trabajo, que en su momento no se detectaron y que la persona ha ido ocultando delegando tareas a otros compañeros, hasta que al final éstos has expuesto la situación a sus superiores.
  • Para posiciones de líder de equipo o líder de proyectos: poseer un perfil demasiado técnico, no delegar, no tener en cuenta los aspectos personales, los objetivos de empresa y el desarrollo de proyectos de futuro.
  • Tener una baja productividad. En algunas ocasiones, se debe a la incapacidad de la persona para trabajar a un ritmo alto y, en otras, a que organiza mal su tiempo de trabajo: destina más del necesario a tareas poco importantes en lugar de concentrar sus esfuerzos en las verdaderamente relevantes.
  • Caer en el exceso de paternalismo, algo muy frecuente en determinados cargos intermedios y directivos.
  • Sobrevalorarse. Hay profesionales que están convencidos de que son capaces de desarrollar con éxito cualquier tipo de trabajo y no valoran con objetividad las capacidades que realmente poseen y aquéllas de las que carecen.


Cuando la culpable es la empresa

Aunque el principal responsable del fracaso profesional suele ser uno mismo, no siempre es así.
A veces son las propias empresas las que impiden que la persona pueda demostrar que realmente es válida para desarrollar las tareas del puesto que ocupa
.

Algunas empresas que tienen mal definidos tanto sus objetivos como sus puestos de trabajo. Contratan a personas para llevar a cabo unas determinadas funciones y al cabo de un par de meses les encargan tareas que no se corresponden con las que inicialmente se les indicaron, o bien las ubican directamente en un puesto que tiene poco que ver con sus conocimientos y experiencia.

En otros casos, lo que cambia no es el contenido del trabajo sino su ejecución. La empresa modifica sobre la marcha los objetivos y como consecuencia no hace más que dar órdenes y contraórdenes que desorientan a la persona y la obligan a retocar y repetir continuamente su trabajo.

El temor de los demás a que un nuevo compañero mejor formado o con más experiencia ocupe su lugar es más frecuente de lo que parece.


Nuestra falta de previsión

La carrera profesional, tanto si se opta por desarrollarla en una misma empresa como por ir cambiando de compañía, debe planificarse con tiempo, porque esa previsión es la clave para mantenerse y progresar en el mercado de trabajo.

Un error frecuente entre los profesionales de cierta edad es no actualizar conocimientos y no analizar los cambios estratégicos de la empresa.

ésta suele despedir a los directivos con sueldos más elevados, ya que no puede soportar cargas salariales muy altas, pero también a los cargos intermedios y al personal de base que no aporta valor añadido.

En épocas de “vacas flacas” (2001-2003) los profesionales que amplían su formación, que actualizan conocimientos y desarrollan nuevas habilidades sociales (competencias blandas como ser liderazgo, negociación, comunicación), tienen más posibilidades de continuar en la empresa o en caso de ser despedidos encontrar otro empleo en poco tiempo.

La polivalencia, el compromiso, el trabajo en equipo, la capacidad de innovar y la creatividad son algunos de los aspectos que más valoran las compañías en sus colaboradores, en algunos casos incluso por encima de la formación.

Pasar totalmente inadvertido hace la ‘estancia’ en la empresa más fácil para el trabajador, pero es un arma de doble filo porque lo convierte en una persona prescindible, por lo que a la larga puede conducirlo al fracaso profesional.

Fuente: Laboris 

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