Algunas diferencias entre empleados y emprendedores

Los emprendedores no se centran en los pretextos y deben aprender a ir más allá de la culpa.

Ya sea por un compañero de trabajo, la máquina con la que hay que trabajar, el ambiente, el dolor de cabeza, las malas instrucciones del superior; cualquier motivo que se te ocurra, es un pretexto. Un emprendedor debe comenzar a empezar a solucionar los problemas de raíz, dejando a un lado el por qué no y comienza a encontrar los motivos del por qué sí.

Los emprendedores dan y reciben halagos y correcciones, en ocasiones del entorno, en otras del propio mercado.

La regla de oro: Halago, Corrección, Halago; podría sonar absurdo, cómo corregir y halagar al mismo tiempo. No sólo se trata de corregir a quien mal hace las cosas, se trata de encontrar soluciones que puedan implementarse y que la persona comprenda y aprenda; cuando se aplica el HCH no sólo se refuerza el propósito, también se crean canales de confianza y comunicación con los empleados: ganar-ganar.

Un emprendedor debe dejar de mirar el pasado para pensar en el futuro.

Pocos comprenden el poder de la visión, y es un salto de calidad a la hora de pasar de ser empleado a emprendedor. Esta regla es aplicada tanto en la vida profesional como en la personal, si lo que haces lo haces por hacer y no con un propósito que pueda atraer beneficios, es el primer error. Los empresarios usan la visión para crear una aproximación equilibrada a la productividad. Equilibramos nuestro tiempo planeando el futuro y actuando en el presente.

Los emprendedores deben tener una visión a vista de pájaro, no a pie de tierra.

Las relaciones laborales y personales influyen en cada decisión y acto que cometemos día a día. Deslindar la vida personal de lo profesional no es una opción, definitivamente es algo imposible. Si el entorno del emprendedor está compuesto de personas que le distraen y no aportan de su objetivo, con cuestiones y juicios constantes es muy probable que acabe siendo uno de ellos. Más vale ser selectivo y singular, que ser influenciable.

Los emprendedores deben asumir cierto grado de riesgo.

¿Cuántas veces no has leído sobre tu área de confort? Se trata de salir, explorar, crecer y volver a hacerlo. Pensar en estar cómodo puede ser seguro en el momento, pero dañino para construir un futuro. Es tiempo de arriesgarse y creer en lo que haces, esto no sólo te ayudará a lograrlo, sino que seguro te llevará a mejores lugares.

Trascender de lo usual puede hacer que una idea de negocio funcione, la clave será cómo es el enfoque de quien lo lleve a cabo.

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