¿Quién puede ser felíz en el trabajo?

La felicidad, erróneamente suele ir asociada al éxito. Y el éxito se asocia a su vez a moverse por círculos selectos. Si eres mujer, habrás triunfado en esta sociedad si consigues un puesto en una multinacional, eres una directiva o cobras el doble que un hombre.

El otro día, en un programa de radio propusieron a los oyentes que hablaran de sus trabajos y de la razón por la que eran felices en ellos. Dos mujeres y un hombre destacaron por su energía positiva, y satisfacción en lo laboral. Ellas limpiaban y él era jardinero. Todos eran felices.

Por dos veces, el periodista le preguntó a una de las mujeres “¿Entonces has dicho que trabajas limpiando?”. La respuesta fue afirmativa. Sí. Sus aficiones eran interesantes: le gustaba viajar, tenía planeada una escapada para ese viernes, leía y los lunes no le disgustaban porque disfrutaba con su trabajo.

El psiquiatra e investigador Luis Rojas Marcos reflexionaba sobre la felicidad en un artículo publicado en El País: “Cada persona define la felicidad a su manera, pero todos la reconocemos cuando la sentimos. Venimos al mundo equipados con genes que alimentan el sentimiento de satisfacción con la vida en general. Las adversidades pueden debilitar esta capacidad innata, pero todos podemos hacer algo por preservar nuestros momentos dichosos”.

La felicidad en el trabajo depende de muchos factores: el jefe, los compañeros, la cantidad de horas, el sueldo…, pero si no existe conflicto alguno con estos factores, dependerá de nosotros convertir nuestro trabajo en algo ameno.

Lo que tanto sorprendía al periodista, que una persona lo pasara bien limpiando, demuestra su falta de empatía, o la asociación que todos tenemos a despacho = plenitud. Si uno se compromete con lo que hace, le dedica esfuerzo, valora lo que significa ese empleo: dinero con el que luego poder hacer lo que te gusta, sin que ese espacio de tiempo sea un suplicio, todo son ventajas. Incluso para la empresa. Un trabajador feliz es rentable.

Es complicado generalizar, pero casi todos los trabajos tienen un lado amable, que sólo las personas con una gran resiliencia, son capaces de ver. Puede que no estén en el trabajo con el que soñaban, pero, a pesar de ello, son muchas las personas que rinden cada día, gracias a su capacidad para escoger ser feliz en su trabajo.

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