El salario sí motiva

¿Resulta atrevido preguntar si el salario motiva o no en nuestro contexto económico? Sí, cuando una gran mayoría de la población percibe un sueldo ínfimo. Pero a pesar de este hecho, está demostrado que el dinero no es un factor que impulse a trabajar mejor.

Una mala supervisión, una mala relación con los compañeros, las condiciones laborales y el salario, han formado parte de la conclusión de muchos estudios para comprobar el grado de insatisfacción laboral. Con estos datos se llegó a la determinación de que el incremento del salario, sin solucionar el resto de factores, no hará que el trabajador rinda mejor.

Si una organización busca encontrar la motivación en sus trabajadores, el sueldo será un elemento fundamental pero si lo que pretende es que ésta dure a lo largo del tiempo, habrá de apostar por otros elementos motivadores.Lo cual no se prodiga en la mayoría de las empresas.

El dinero es importante, pero no debe ser el único factor motivador porque puede provocar lo contrario, un objetivo nada deseable por la empresa: la falta de implicación por parte del empleado.

Pensemos en esas personas con sus puestos asegurados para los que un cliente resulta una molestia en su ‘universo’ donde se saben bien pagados, y que este hecho no cambiará aunque hagan mal su trabajo. Recurrir al dinero como incentivo es fácil, idear fórmulas para crear un ambiente que fomente la productividad (con un buen salario) es distinto.

El dinero es motivador hasta un cierto nivel, hasta que tenemos nuestras necesidades básicas y de seguridad cubiertas. Mientras no tengamos estas necesidades cubiertas, carecer de dinero es una fuente de frustración,y con repercusión directa en nuestra productividad.

¿Es difícil equilibrar la balanza? Es decir, fomentar la creatividad, el compañerismo…, unido a unos salarios dignos. No. Lo que resulta complicado es pretender que una persona que no gana lo mínimo para vivir, anteponga la empresa a sus necesidades.

Para rodearnos de un equipo con ganas de trabajar, primero deberemos valorar su esfuerzo, su valía y eso se traduce en pagar un sueldo que refleje lo que aportan a la empresa. A partir de ahí, la implicación vendrá ipso facto, cuando el empleado no se vea como un número y sí como parte de un equipo.

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